Hoy en día, es muy difícil aceptar públicamente que no se esta de acuerdo con la protección ambiental. Algunos partidos políticos o sectores privados disfrazan su negativa con discursos como que no se puede frenar el desarrollo, que tal actividad dará muchos empleos, que hay que luchar contra la pobreza … es decir, no manifiestan su desacuerdo porque saben que generaría muchas reacciones contrarias y maquillan su negativa, mediante la utilización de un discurso que puede ser bien atendido por la población.
En esta nueva mala era para el ambiente (ver artículo de opinión de enero del 2012 de COECOCEIBA en www.coecoceiba.org) vemos como no se dice estar en desacuerdo pero sí se esta. No es nuevo afirmar que el modelo de desarrollo dominante y basado en el neoliberalismo, ha provocado numerosos impactos en el ambiente. No solo nos referimos a la contaminación del aire o la de los ríos o la destrucción de bosques, selvas y biodiversidad sino también a la destrucción de una cultura donde se hace uso de los bienes de la Naturaleza sin destruirlos. Por esto, nos referimos a formas tradicionales de vida pertenecientes a Pueblos Indígenas, comunidades pesqueras o campesinas que han probado luego de muchos años, que gracias a su acción, la Naturaleza se ha conservado y algunas especies incluso han sufrido cambios positivos.







