
COECOCEIBA – AT Enero 2012
La Conferencia de las Partes número 17 (COP 17) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) celebrada en Durban en diciembre anterior, marca una nueva era para el medio ambiente. Lamentablemente, no hablamos de una mejor época sino de un oscuro y triste panorama que se nos avecina. El 2010 vio como aumentaron las emisiones de carbono en un 6% con respecto al 2009 y de los resultados de Durban se espera un aumento en las temperaturas de unos cuatro a seis grados celsius. En la práctica, esto significa mayores inundaciones, lluvias inusuales como las que azotoran Centroamérica y Sudáfrica el año pasado. Significará también mayores sequías, pérdida de alimentos y muerte.
En Durban, y a pesar de los graves impactos del cambio climático, no hubo avance en acciones justas y vinculantes para reducir emisiones y tampoco en el fondo para el clima que es urgente. Aumentó las posibilidades de que las falsas soluciones -esas que no atacan las causas y más bien son oportunidades de negocios que permiten a quienes contaminan, contaminar más- se expandan con mayor rapidez tal y como parece ser el caso del mercado de carbono. En Durban también presenciamos como hubo avances en la destrucción del marco internacional legalmente vinculante, instrumentos que pese a ser limitados, planteaban acciones para el clima sobre la base de la equidad y la ciencia.
Los resultados de la COP 17 implican, entre otros que:
lo que se conoce como la “Plataforma de Durban”, es decir una nueva ruta de negociaciones, demorará en más de una década acciones concretas contra las causas que provocan la crisis climática. En Durban, se acordó un nuevo proceso para lanzar negociaciones para un nuevo tratado dejando atrás, sin razón de peso alguna, la hoja de ruta existente, ambiciosa y equitativa acordada cuatro años atrás en Bali;
no se acordó formalmente un segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto, único marco legal internacional vinculante para que los países desarrollados reduzcan sus emisiones;
las metas en la reducción de gases de efecto invernadero son insuficientes. Esta situación junto a lagunas legales existentes, significa que probablemente habrá un aumento neto de emisiones al 2020 tal y como lo vivimos en el 2010;
no hubo avance alguno en el nuevo fondo público adicional, tan necesario para medidas de acción y adaptación al clima para proteger a las comunidades más vulnerables a los impactos climáticos. Lo que se aprobó en Durban en relación a este Fondo Verde para el Clima carece de fondos reales y permite a las mismas empresas transnacionales, cuyas acciones causan el cambio climático, de acceder directamente al Fondo;
expansión de las falsas soluciones; por ejemplo el comercio y mercados de carbono que provocan inacción frente a las causas del cambio climático, acaparamiento de tierra y desplazamiento de comunidades.
A su vez, la COP 17 oficializa una tendencia mercantilista y mercantilizadora de la Naturaleza que dice que lo que no se valora en términos económicos, no puede protegerse. Así, todo tiene que tener un precio: el agua, el paisaje, la polinización de las flores realizada por las abejas, los árboles, las flores … De esta forma, se dice que para atacar el cambio climático se necesita dinero para comprar las funciones que realizan los árboles en la captura de carbono lo que en la práctica significa, que esos árboles que conforman bosques, pasan a ser propiedad de quien “compra” esas funciones. En muchos casos son empresas petroleras que continúan extrayendo petróleo para alimentar una sociedad y una economía que continua produciendo emisiones que son la principal causa del cambio climático. Es decir, todo sigue igual y se trata de dar la impresión de que se hace algo a través de estas falsas soluciones. Este tipo de economía es llamado hoy, Economía Verde que no es más que un simple maquillaje para que todo siga igual … y las soluciones reales, puedan seguir siendo postergadas.
Lo que en realidad el mundo y nuestra sociedad necesita, es urgentemente un cambio de paradigma en forma urgente y esto se esta dando ya, a nivel micro en muchos lugares del mundo incluido Costa Rica: hay experiencias de economía solidaria donde se puede adquirir alimentos frescos y sanos producidos sin agroquímicos y muy cerca de los principales pueblos y ciudades, no como los frijoles provenientes de China que conllevan una enorme huella de carbono. Como estas, hay muchas experiencias más en el campo de la soberanía alimentaria, del transporte público, de la generación de energía. A esas soluciones son a las que tenemos que apostarles y no a las que nos llevan a mayor destrucción pintadas de verde y simulando ser soluciones cuando en realidad significan verdaderas trampas.



